Entendía perfectamente que su antigua compañera no hubiese percatado su presencia, al fin y al cabo se encontraba en una situación difícil y al igual ocupada. Admiraba cada moviendo que realizaba, sentía como ella también había evolucionado durante estos dos largos años y todo ello suponía una gran alegría para la joven Akari. Presenció como Bra después de unos segundos la consiguió reconocer, seguidamente la saludó con la mano.
De repente, una voz grave y masculina resonó en los tímpanos de la joven haciendo que concluyera su momento de alegría. Inocentemente, giró la cabeza hacia un lado.¡Pero que grata sorpresa! Al reconocer las vestimentas y los cabellos negros azabaches que sobresalían del gorro del joven Akari enseguida supo de quién se trataba. Hacía ya unos años que ambos se conocieron en una nevada noche, Akari al no tener cobijo donde resguardarse aceptó la proposición de el mismo para poder pasar la noche en su cabaña. Siempre quiso decirle las gracias por ello, sabía que de no ser por el habría muerto congelada aquel crepúsulo y al salir aquella misma mañana de imprevisto nunca pudo decírselo. Confiada de sí misma río al joven jubilosamente.
- Quien iba a decir que nuestros caminos se fueran a.....
No consiguió concluir la frase cuando escuchó un gran alboroto ocasionado por los compañeros de la tripulación. >¿Con toda esa panda de rufianes tendría que convivir? Menudo tostón.< Meditaba la chica hacia si misma. Al menos le consolaba la presencia de las dos personas que conocía con anterioridad. Los contemplaba con serenidad cuando de pronto la situación se entorpeció, observaba como su antigua amiga agotaba todas sus fuerzas en la pelea. >No lo ha conseguido, pero reconozco que no es la misma de antes. Ha cambiado completamente< Volvía a pensar. No gritó, ni siquiera mostró gesto de tristeza aunque notaba como algo en el fondo de su pequeño corazón se acababa de despedazar.
Akari siempre ha sido una persona muy sensible, no obstante, en estos últimos años había aprendido a mantener la compostura y a no dedicarse a llorar con facilidad como en sus antiguas andadas.
No se percató de la presencia del chico rubio, sin embargo, notaba como el tenía un aura de superioridad ante las demás personas dispersas de la zona. Sin pensárselo dos veces salió disparada cual bala desprendida por un gatillo de revolver rumbo al lugar donde se alojaba el joven de cabellos dorados.
(Continúa en el interior de la base)
Parte II.
Caminando sin llegar a detenerse, Akari continuaba paseando rápidamente atravesando todo el recinto hasta conseguir salir de los bastos y verdes jardines.
Una vez fuera de ellos se encontró con la presencia de un gran castillo, todo aquello era un nuevo mundo para ella, nunca había estado envuelta entre semejantes riquezas, ya que al fin y al cabo ella provenía de una familia de clase humilde. Dando cortas zancadas comenzó a subir las escaleras con la espalda bien estirada, no tenía ni la menor idea de lo que podría encontrarse al final de aquellos refinados peldaños. Finalmente, consiguió llegar a la cumbre. Allí estaba el joven. Al no conocerle no sabía como referirse a el, si con cortesía o como ella solía.
De repente, volvió a su mente el estado de su antigua compañera. Akari en ese momento se sintió estúpida, qué hacia discutiendo en su cabeza sobre como tratar al muchacho, lo que importaba en ese momento era el estado de Bra, y razonó que podría dejar las presentaciones y humildades para otro momento.
Se aproximó hacia su retablo caminando por aquella larga alfombra de terciopelo. Una vez allí haciendo una mueca de rebeldía se cruzó de brazos y le miró de medio lado mientras alzaba su femenina voz soprano haciendo que se volviera algo más grave.
- ¡Eh, Rubio! Llévame hasta donde se encuentre Bra, lo necesito también soy médico. - Mintió a medias algo desesperada, al fin y al cabo sólo sabía un pequeño porcentaje sobre el campo de la medicina.-
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